El día en el que ‘Iceman’ petrificó a ‘Skywalker’

Los 60 en la NBA fueron los años de la dictadura de los Celtics de ‘RedAuerbach, comandados en la pista por Bill Russell, ‘El señor de los Anillos’. Un equipo que dominó la liga de una forma tan tiránica que hasta un titán entre simples mortales como Wilt Chamberlain tuvo que conformarse con las migajas que dejaba a su paso la dinastía verde –muy pocas-. Los 80 fueron años de ‘showtime’, la década maravillosa. Tiempos en los que la rivalidad BirdJohnson y Celtics-Lakers volvió a brillar sobre todo lo demás, con el breve –y merecido- interludio de los Sixers del ‘Dr. J’ y el doblete más opaco de los Bad Boys de Detroit. Los 90 fueron para los Bulls de Su Majestad ‘AirJordan, con los Rockets de Hakeem Olajuwon, Robert Horry, Sam Cassell y Clyde Drexler aprovechando al máximo sus dos años sabáticos – o dedicados al béisbol, qué más da-. ¿Pero qué pasó en los 70?

Los 70  en la NBA fueron los años de los one hit wonders, al más puro estilo de Carl Douglas y su ‘Kung Fu Fighting’, el ‘Video Killed the Radio Star’ de los Buggles o el ‘Happy Days’ de Pratt & McClain, que podría haber sido la banda sonora de la liga: días felices, de vino y rosas. Fuera dinastías, los 70 fueron años de éxitos efímeros y glorias pasajeras. Hartos de que el dominio de los Celtics estrangulara la liga hasta dejarla apenas con un hilillo de vida y viendo como crecía a su lado la ABA, irreverente y descarada como la derecha del primer Agassi -el de los vaqueros cortos-, el resto de equipos se puso las pilas. Hasta ocho franquicias se llevaron su anillo.

De hecho, sólo dos conjuntos, los sempiternos Celtics –esta vez liderados por Dave Cowens, John Havlicek, Jo Jo White o Paul Silas– y los Knicks -¡por fin!- de Walt Frazier, Dave DeBusschere y Willis Reed -el gran cojo-, repitieron título; eso sí, no consecutivos, había que respetar esa especie de pacto anti-dinastía. También ganaron los Bucks del gran Oscar Robertson y de Kareem Abdul Jabbar –¡qué decir de Kareem!-; los Lakers de Chamberlain, West y Goodrich; los Warriors de Rick Barry y sus tiros libres de cuchara; los Blazers de Bill Walton y Maurice Lucas; los Bullets de Hayes y Unseld y los Sonics de Dennis Johnson y Silas. En los 70 se rifaban anillos buenos, bonitos, baratos y ningún equipo quería quedarse sin premio en la tómbola.

Aunque los sorteos son caprichosos y nunca dejan contentos a todos, como los árbitros o las lluvias. Y hubo equipos que se quedaron sin papeleta y sin anillo, fuera de concurso. Entre ellos los Denver Nuggets de Larry Brown, liderados por David Thompson y Dan Issel, y los San Antonio Spurs de Doug Moe –el loco enamorado del ‘run and gun’, el soñador, el romántico entrenador anti-defensa que luego haría historia precisamente con los Nuggets- liderados por George Gervin y Larry Kenon.

A David Thompson le llamaban ‘Skywalker’ por sus increíbles vuelos hacia el aro. Thompson fue Jordan antes que Jordan, palabras mayores, número uno del Draft de 1975. A Gervin le apodaban ‘Iceman’ por su forma de juego de alta escuela, pura clase, siempre manteniendo la compostura. Pese a ser una figura en la Universidad, sólo fue el número 40 del Draft de 1974. Patentó el ‘finger roll’, la bandeja en la que sueltas la bola dejándola deslizarse por las yemas de los dedos y tenía la suspensión contra tabla más mortífera de la historia. Jerry West dijo de él que era “el único jugador por el que pagaría por ver”.

En la temporada 77-78 tanto los Nuggets como los Spurs terminaron la temporada regular líderes de sus respectivas divisiones. Aunque luego los primeros cayeron en la final de la conferencia oeste ante los Sonics y los segundos en las semis de la este contra los Bullets, a la postre campeones. Spurs y Nuggets no llegaron a cruzarse en una hipotética final pero aun así dirimieron el choque más épico de la temporada. Sus dos estrellas se disputaron el premio al máximo anotador de la NBA en un duelo al sol entre dos especialistas, Butch Cassidy frente a BillyThe Kid’, los dos aniquiladores más buscados de la liga.

No era la primera vez que estos dos jugadores medían sus cualidades. Los dos venían de maravillar en la ABA y los dos habían participado en el histórico concurso de mates del 75, el primero que se celebró, evidentemente en esa liga hermana pequeña y rebelde de la NBA. En esa ocasión Thompson, segundo, se impuso a Gervin, que acabó quinto, aunque los dos se tuvieron que rendir al Dr. J y su célebre mate desde la línea de personal que tantos otros imitaron después.

‘Skywalker’ Thompson y ‘Iceman’ Gervin llegaron a la última jornada prácticamente empatados en anotación, con unas centésimas de ventaja para el jugador de los Spurs. Los dos promediaban 27,2 puntos por partido. Todo se decidiría el 9 de abril de 1978. Dispuesto a pelear hasta el final por el cetro de máximo anotador, Thompson salió lanzado: 32 puntos le endosó a los Pistons ¡en el primer cuarto!, récord hasta entonces. ‘Skywalker’ se tiró hasta las zapatillas y penetró a canasta con su electricidad habitual cuantas veces quiso y más. Acabó el partido con 73 puntos –hasta que Kobe le superó con sus 81 era la tercera mejor marca de la historia, las otras dos eran de Chamberlain-y el convencimiento de que su batalla particular estaba ganada.

Pero su rival estaba a más de 1700 kilómetros de Detroit, en la sureña Nueva Orleans. Antes de medirse a los Jazz –en aquella época aún jugaban en la capital de Louisiana, de ahí su nombre, que no pinta nada en Utah, ciudad de mormones- ‘Iceman’ ya sabía lo que tenía que hacer: le valían 58 puntos para llevarse el trofeo. La cosa no empezó bien. Gervin falló sus primeros seis tiros y Thompson ya se relamía desde la ciudad del motor. Pero a uno no le llaman el hombre de hielo por nada. El #44 de los Spurs siguió a lo suyo, suspensión por aquí, suspensión por allá, y ‘finger rolls’ a todo trapo.

En el segundo cuarto incendió Nueva Orleans con 33 puntos, récord que  a día de hoy sólo ha podido igualar Carmelo Anthony. El fuego llegó hasta Detroit para chamuscar las esperanzas de Thompson. Gervin siguió a lo suyo y terminó con 63 puntos, permitiéndose el lujo de descansar casi toda la segunda mitad. En el duelo de súper poderes, al final el hielo pudo con el vuelo.

PD: George Gervin es el jugador con el draft más bajo entre los elegidos como los 50 mejores de la historia. Con casi 40 años llegó a un TDK Manresa prácticamente descendido. En España promedió 25 puntos por partido a base de lo de siempre, suspensiones contra tabla y ‘finger rolls’ exquisitos. Huelga decir que el TDK se salvó.

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