El día en el que se premió la magia (Parte II)

Antes del sexto partidos todos los expertos auguraron una fácil victoria para los Sixers. El avión de los Lakers parecía un funeral en el que el asiento vacío de Abdul-Jabbar ejercía de féretro. Entonces ‘Magic’ se levantó y dijo a sus compañeros: “No temáis, el 32 está aquí”-en inglés rimaba, ‘don´t fear, 32 is here’-. No convenció a nadie, “el novato este está chalado”. Le pidió a su entrenador, Paul Westhead, jugar de pívot, en el puesto de Kareem, y cuando se lo concedió, ‘Magic’ llamó a su padre: ‘¡Papá, esta noche voy a volver a anotar, como en el instituto!’. Dicho y hecho. Johnson incluso disputó el salto inicial, así de en serio se tomó lo sustituir a su compañero lesionado. Había nacido para partidos como este.

Metió 42 puntos –muchos de gancho- y capturó 15 rebotes, además de repartir siete asistencias. ‘Magic’ aparecía por todos lados. Empezó de pívot, jugó un tiempo como alero e incluso acabó de base. El joven se comió él solito a los Sixers. En palabras del Dr. J: “Fue su show. ‘Magic’ se convirtió en una fuerza imparable. Desde el poste bajo metió 42 puntos, 15 rebotes y si no anotaba él se la daba a Wilkes para que encestara a placer”. Aún hoy ‘Magic’ lo sigue considerando el mejor partido de su carrera. Había nacido una leyenda. Tras su exhibición, Johnson fue nombrado MVP de las finales, algo insólito en un jugador de primer año. Sin embargo, el rookie del año fue para su eterno rival Larry Bird.

Con este campeonato sumó tres títulos en tres categorías distintas en tan sólo cuatro años, algo increíble, y siempre siendo el jugador más valioso. En su segunda campaña una lesión de rodilla le tuvo apartado durante 45 partidos. Llegó justo para los playoffs, pero lejos de  su mejor forma. El equipo lo notó y cayó en primera ronda frente a Houston. Pero los días de gloria no tardaron en volver. En la temporada 81-82 los Lakers volvieron a imponerse a los Sixers y ‘Magic’ volvió a ser el MVP de las finales. Ese año se convirtió en el tercer jugador en la historia en sumar al menos 700 puntos, 700 rebotes y 700 asistencias en una misma temporada, después de Oscar Robertson y Wilt Chamberlain. Con sólo 22 años ya tenía dos anillos y no paraba de romper barreras y acumular elogios.

Al año siguiente otra vez estos dos equipos se enfrentarían en la final, pero esta vez los Sixers barrerían a unos diezmados Lakers que no pudieron contar con Norm Nixon, James Worthy ni Bob McAdoo. Los esfuerzos del ‘32’ angelino, con 19 puntos, más de 12 asistencias y casi ocho rebotes no fueron suficientes. La magia esta vez no bastó y Moses Malone fue nombrado MVP de las finales.

La temporada 83-84 sería la primera en la que se verían las caras en la final Lakers y Celtics. Una rivalidad que venía de los años 60, en los cuales los Celtics entrenados por ‘Red’ Auerbach y liderados por Bill Russell y Bob Cousy se impusieron hasta en siete ocasiones a los Lakers de West y Baylor. Una rivalidad que iba a reverdecer viejos laureles de la mano de los duelos ‘Magic’-Bird, que se convertirían en leyenda y cambiarían la NBA, dividiendo el mundo entre el ‘orgullo verde’ y la ‘fiebre amarilla’. Nunca antes hubo una competencia similar y nunca la ha vuelto a haber, porque esta vez sí podía ganar cualquiera. Dos estilos opuestos comandados por los dos mejores jugadores de la liga.

Por un lado ‘Magic’ y su ‘showtime’, que con Pat Riley de entrenador alcanzó el cénit del espectáculo, una locura que disfrutó como un enano Jack Nicholson. Pocos equipos han conseguido aunar esa exhibición de juego y resultados como los Lakers del ‘showtime’, tal vez el Barça de Guardiola. Enfrente el espíritu de pundonor y dignidad celtic liderado por el pragmatismo de Larry Bird, un auténtico líder, un francotirador, ‘el paleto de French Lick’ del que Michael Jordan dijo: “Si tuviera que elegir a alguien para jugarse un tiro en el último segundo, sin duda escogería a Larry Bird”. Bien secundado por Robert Parish y Kevin McHale entre otros. Y por los fantasmas del pasado que el Boston Garden se encargaba de recordar a la mínima oportunidad.

Como pasara con la final de la NCAA, el duelo ‘Magic’-Bird lo eclipsó todo los días antes del primer partido. La serie fue realmente igualada, pero finalmente los Celtics se impusieron 4-3. Durante esta final ‘Magic’ vivió algunos de los momentos más difíciles de su carrera. Él mismo la describe como “el campeonato que deberíamos haber ganado y que no conseguimos”. Pese a sus 18 puntos, sus más de 13 asistencias y sus más de 7 rebotes por partido, sus errores en momentos puntuales resultarían decisivos. Sobre todo la pérdida de balón seguida de dos errores desde la personal en el último minuto del cuarto partido, que terminarían ganando los Celtics en la prórroga. En el séptimo otra pérdida del base de los Lakers condenó definitivamente al equipo angelino. Los fantasmas del pasado seguían muy presentes y Auerbach volvió a encenderse, una vez más, su puro de la victoria, que compartió con su estrella, Larry Bird. El ’33’ de los Celtics, que había sido nombrado MVP de la temporada también se llevó el galardón en la final, vengándose así de ‘Magic’ por su victoria universitaria.

La rivalidad entre estos dos equipos era tal que para Johnson la temporada regular consistía en 80 partidos y aparte otros dos contra los Celtics. En Boston, por ejemplo, durante el séptimo partido de la final de conferencia que perdieron frente a los Sixers en la temporada 81-82 se oyeron cánticos de ‘Beat LA’. Philadelphia estaba a punto de eliminarles y aún así el público del Boston Garden les animaba a vencer a los Lakers en la final. Dos enemigos acérrimos condenados a verse las caras año tras año. De hecho, durante la década siempre hubo al menos uno de los dos equipos en las finales de cada una de las temporadas. El año siguiente volvieron a coincidir.

La final de 1985 no empezó bien para ‘Magic’ y compañía. Los Celtics les vapulearon 148-114, en lo que fue la mayor puntuación de la historia de un equipo en una final. Sin embargo, los Lakers se sobrepusieron y con un Kareem en plan estelar pese a rozar los 40 tacos consiguieron remontar y ganar la final en el sexto partido en Boston. Entre el público se podía ver gente cubierta con sábanas, aunque esta vez los fantasmas no hicieron mella en la franquicia angelina. Tanto ‘Magic’ como Abdul-Jabbar coincidieron en destacar esta victoria como la cúspide de sus respectivas carreras. Porque había sido en Boston, frente al gran rival, al que nunca antes se habían impuesto en una final, pese a tener todo de cara en alguna ocasión. Por fin, la frase de ‘Los Lakers nunca han ganado a los Celtics’ quedaba desterrada para siempre.

Dos años después volverían a verse las caras y los Lakers se impondrían otra vez. Durante la temporada regular, Kareem se lesionó en un ojo –le pasó varias veces durante su carrera, por eso usaba las gafas- y estuvo de baja un par de partidos. Otra vez, ‘Magic’ tendría que anotar y una vez más, los escépticos dudaban de su capacidad para hacerlo. No en vano, Johnson disfrutaba más asistiendo a sus compañeros, quizá el único jugador de la historia que podía controlar completamente un partido lanzando apenas cinco ó seis veces a canasta. A los Rockets les enchufó 38 puntos y el partido siguiente machacó a los Kings con 46, la mayor anotación de su carrera. Los críticos se tuvieron que comer sus palabras y por fin ‘Magic’ llegó a la final de la NBA como MVP de la temporada regular. Bird lo había conseguido ya en tres ocasiones.

La final se recordará siempre por la última canasta del cuarto partido. Durante el año Kareem aprovechó los entrenamientos para enseñar a su protegido los secretos de su ‘sky hook’, su arma letal. Poco a poco ‘Magic’ fue perfeccionando la técnica de su ‘sky hook’ particular y en el cuarto partido de la serie final ante los Celtics decidió enseñárselo al mundo. En el último segundo del encuentro lanzó su gancho por encima de los pívots rivales Parish y McHale para poner el 107-106 en el marcador y encarrilar un nuevo anillo. ‘Magic’ lo denominó su ‘junior junior junior sky hook’. Una vez más fue nombrado MVP de las finales, demostrando que era en estos partidos donde sacaba todo su genio.

Durante los festejos del título de la temporada anterior, Pat Riley se dejó llevar por la euforia y prometió a los aficionados revalidar el anillo, pese a que ningún equipo ganaba dos títulos seguidos desde los Celtics en 1969. Al entrenador le salió bien la apuesta y la temporada siguiente ‘Magic’ conseguiría el que a la postre sería su último anillo, el quinto. Lo haría frente a un equipo antipático, rocoso, defensivo, la antítesis del ‘showtime’. Los Pistons de su amigo Isiah Thomas, de Adrian Dantley, Joe Dumars, Bill Laimbeer, Vinnie Johnson o Dennis Rodman. El apelativo de ‘Bad Boys’ se lo ganaron a pulso. Los Pistons parecían la perfecta Kryptonita contra el juego alegre y vistoso de los Lakers y la serie se alargó hasta el séptimo partido. Ahí fue James Worthy quien se puso el disfraz de Superman y con el primer triple doble de su carrera -36 puntos, 16 rebotes y 10 asistencias- volvió a llevar el título a Los Ángeles. Esta vez ‘Magic’ se quedó sin MVP pero sus 21 puntos y 13 asistencias por partido, con casi 6 rebotes bien lo podrían haber merecido.

‘Magic’ ganó los MVP de las dos siguientes temporadas con unos números de escándalo: más de 22 puntos y casi 13 asistencias y 8 rebotes por partido en la primera y más de 22 puntos, casi 12 asistencias y 7 rebotes en la segunda. Sin embargo se le resistió el anillo. En la final de la temporada regular los Pistons barrieron a los Lakers 4-0. La explicación es sencilla: ‘Magic’ se lesionó en el segundo encuentro de la serie. El año de su segundo MVP consecutivo fue el primero sin Kareem y el equipo ni siquiera alcanzó la final de conferencia. Después de diez años mágicos los Lakers del ‘showtime’ estaban dando sus últimos coletazos.

Pero el número ‘32’, el genio de Michigan, nunca fue de los que se rendían fácilmente. A ‘Magic’ le apasionaban los retos y la temporada 90-91 volvió a guiar a su equipo a las finales de la NBA. Esta vez enfrente estaban los Bulls de Michael Jordan, el escolta que había sido cinco veces máximo anotador de la liga y que ya estaba considerado como el mejor jugador del momento, “Dios disfrazado de jugador de baloncesto” en palabras de Larry Bird. Junto a Su Majestad, Scottie Pippen y Horace Grant como principales escuderos.

El duelo entre ‘Magic’ y Jordan acaparó todos los focos, pasado y futuro de la liga enfrentándose en un brillante presente. El ‘32’ contra el ‘23’. Las dos estrellas no defraudaron pero la gran defensa de Scottie sobre Johnson resultó decisiva. Los números de ‘Magic’ fueron buenos, muy buenos, como siempre. Dos triples dobles para un promedio de más de 18 puntos, más de 12 asistencias y 8 rebotes. Incluso ganaron el primer partido en Chicago, pero luego perdieron los cuatro siguientes, tres de ellos en el Forum. No se puede luchar contra el tiempo y el tiempo, ahora, pertenecía a ‘Air’ Jordan y sus Bulls de Chicago. Era el fin de una era para la NBA, quizá la más brillante de su historia. Una era alegre, de juego vistoso, de jugadores con más técnica que físico, de ataques y no de defensas, de grandes rivalidades, de orgullosos y febriles. Una era dominada por la magia.

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