El día en el que se encumbró a un jugador y se condenó a una persona

32 años separan las dos fechas. 32 años de altibajos, con muchos más valles que picos. 32 años que convirtieron al héroe en villano. O.J. Simpson hizo realidad el mito del Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Porque Simpson era en realidad dos personas a la vez, una dentro del campo y otra fuera. Como jugador de la NFL –Liga Nacional de Fútbol Americano- fue uno de los mejores running backs de la historia. Como persona, un cero a la izquierda.

El 5 de diciembre de 1976 ‘Orange Juice’ Simpson corrió 203 yardas en su duelo contra los Miami Dolphins. Era la sexta vez que conseguía más de 200 yardas en un partido durante su carrera y sería la última. De todos los récords que batió, éste es el único que aún permanece vigente. Le sirvió además para acercarse a Walter Payton en su particular lucha por liderar la clasificación de yardas totales de carrera – que terminaría llevándose Simpson- esa temporada. O.J. desde Miami y Payton desde Seattle dirimieron un enfrentamiento que encandiló a los aficionados. Separados por casi 4.400 kilómetros de distancia, se enzarzaron en un duelo particular que pasaría a la historia. A una gran carrera de uno, le seguía otra mejor del otro. Como si se estuvieran viendo, como si tuvieran algún tipo de conexión telepática. Como si los partidos que estaban jugando fueran sólo una excusa para continuar con su desafío personal. Al final, Simpson se impuso: 203 yardas por 183 de Payton. Sin embargo, el último ayudó a la victoria de su equipo, los Bears de Chicago, en Seattle, mientras que los Buffalo Bills de Simpson se llevaron un buen saco a manos de los Dolphins.

La rivalidad de estos dos running backs no quedó ahí. Eran como el Yin y el Yang, el bien y el mal. Tan diferentes y geniales dentro de la cancha como totalmente opuestos fuera de ella. Simpson era muy rápido, muy fuerte, pura potencia en movimiento. Una fuerza de la naturaleza. Cristiano Ronaldo. Payton algo menos. Pero tenía otros valores. De hecho, el entrenador Mike Ditka –quizá la voz más autorizada de la NFL- aseguró que era el mejor jugador que había visto jamás. Pero que aún así era todavía más grande como persona. En la Liga se le conocía como ‘Sweetness’, Dulzura. Andrés Iniesta. Su lema para el juego lo decía todo de él: ‘Never die easy’. Traducido sería algo así como ‘Nunca rendirse sin luchar’. Jamás se salía del campo por voluntad propia. Nunca evitaba el choque con el defensa, siempre buscando ganar cuantas más yardas mejor, dando a cada pulgada una importancia que, realmente, puede que nunca tuviera.

La NFL da un premio al Hombre del Año por el trabajo de caridad y voluntariado, así como por la excelencia en un campo de fútbol. ‘Sweetness’ lo ganó en 1977. Desde su muerte en 1.999 –cáncer- el premio se llama Premio Walter Payton al Hombre del Año. Tal fue su legado en la Liga.

A O.J. Simpson no se le conmemora con nada porque simplemente nunca se lo mereció. Su vida tras el fútbol fue un torbellino, un descenso a los infiernos desde bien pronto, acusación de asesinato –a su esposa y a un amigo- incluida. A día de hoy cumple condena por asalto a mano armada y secuestro en un hotel de Las Vegas en 2007. Como mínimo estará nueve años en prisión. En la cárcel reconoció  a un productor del programa de Oprah Winfrey que sí había asesinado a su mujer. Aunque ya no podrá ser juzgado por ello. El 5 de diciembre de 2008 salió la sentencia que lo condenó, 32 años después de que lograra su última gesta sobre el campo. El héroe y el villano.

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