El día en el que África conquistó el medio fondo

Keino

Si a lo largo de la historia ha habido un continente relegado a un segundo plano–un último plano en realidad-, ése ha sido África. Una tierra sin voz ni voto, sin derechos pero con obligaciones, útil sólo para ser saqueada, ultrajada y mancillada. Con una población que, tras larguísima lucha, por fin empezó a ver la radiante luz de la libertad en la década de los 60, con la descolonización y progresiva independencia de sus distintos países. El fervor patriótico se deslizaba desde cada nación independiente para fundirse en un mismo sentimiento, el de una gran África unida. Deportivamente hablando, la pieza clave fue, sin duda, Abebe Bikila.

Un etíope delgado, hijo de un pastor de cabras, desconocido para el gran público, se proclamó campeón olímpico de maratón en Roma en 1960. El primer africano en conquistar un oro en unos Juegos. Pero aún más importante fue el cómo. Bikila se plantó en la salida descalzo. Prensa y público no daban crédito. Abebe representaba a la perfección a la nueva fuerza que llegaba, África, humilde pero orgullosa, pobre a ojos del mundo pero inmensamente rica en espíritu. Cuando cruzó la línea de meta, Bikila había batido el récord mundial, pero él no se paró. Siguió corriendo hasta llegar al Arco de Constantino, desde donde el ejército de Mussolini había partido a la conquista de Etiopía, entonces Abisinia.

Desde ahí, consciente de la importancia simbólica del lugar, contestó a la pregunta de por qué había corrido descalzo: “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. De desconocido a leyenda en dos horas, quince minutos y dieciséis segundos, Bikila se había convertido en el espejo en el que mirarse para todos los africanos. El héroe que había postrado a Roma ante sus pies –descalzos- era ya inmortal. Cuatro años después, en Tokio, volvería a ganar, esta vez calzado, pero eso es otra historia.

Porque no sería en la maratón donde África iba a mostrar todo su poderío atlético, sino en el medio fondo. Si Bikila fue el mito, el papel de adalid de la media distancia iba a tocarle a Kipchoge Keino, el primero de una larguísima serie de campeones kenianos. Tras la independencia de Kenia del Imperio británico en 1963, Keino pudo representar a su país en los Juegos de Tokio de 1964, aunque sin demasiado éxito. Su historia cambiaría el 30 de noviembre de 1965, cuando batió la plusmarca mundial de 5.000 metros, hasta entonces en los pies del australiano Ron Clarke, que había aunado de forma increíble los récords de 3.000, 5.000 y 10.000 metros y de 3, 5 y 10 millas al mismo tiempo.

‘Kip’ pasaría a la historia al convertirse en el único atleta en conseguir sendos oros olímpicos en 1.500 metros y 3.000 metros obstáculos, aunque no fuera en la misma olimpiada. Curiosamente, nunca se proclamaría campeón en 5.000, donde sólo pudo ser plata en México ’68. Se unió así a leyendas olímpicas de la talla de Paavo Nurmi, ‘el finlandés volador’, que en París ’28 se impuso en 1.500, 5.000 y 10.000 metros y Emil Zatopek, ‘la locomotora humana’, capaz de reunir en una semana los oros de 5.000, 10.000 y maratón durante los Juegos de Helsinki de 1952.

Pero, igual que con el gran Bikila, en la historia de Keino vuelve a brillar más el cómo que el qué. Precursor del entrenamiento en altura –ahora tan en boga-, Kip llegó a México como uno de los favoritos tras haberse impuesto en los Juegos africanos y en los de la Commonwealth. Sin embargo, una grave infección en la vesícula biliar a punto estuvo de truncar sus esfuerzos. Enfermo, antes de la final del ‘milqui’ a Keino le tocó correr una milla hasta el estadio para llegar a tiempo a la carrera, debido al tráfico. No había sonado el pistoletazo de salida y Kip ya estaba sudando. A perro flaco todo son pulgas, pero ojalá todas las vicisitudes en África fueran de esta índole. Haciendo gala de un estoicismo propio de la gente que ha sufrido mucho, un acopio de fuerzas de Dios sabe dónde, Keino se impuso al estadounidense Jim Ryun en un duelo memorable. No contento con esta gesta, todavía gravemente enfermo se colgó también la plata en 5.000 metros. Su determinación para triunfar contra los elementos sigue siendo un ejemplo para el mundo a día de hoy. ‘Kip’, un héroe y una leyenda viva en su país, donde dirige una Organización benéfica para niños huérfanos.

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