El día en el que Riquelme se burló de la (pre)galaxia

La cita elegida no podía ser más adecuada. El campeón de Europa y el de Sudamérica frente a frente luchando por el cetro mundial. Real Madrid-Boca Juniors, palabras mayores. Y sobre el césped, algunos de los mejores jugadores del mundo –Figo, Raúl, Hierro, Roberto Carlos-, que asistieron en primera línea al espectáculo de un joven argentino que dejó boquiabierto a medio mundo y maravillado al otro. Su nombre: Juan Román Riquelme.

Tal día como hoy, un 28 de noviembre, pero del año 2000, el Madrid se enfrentó a Boca Juniors en la final de la Copa Intercontinental. El partido se disputó en Tokio, como era tradición, un martes a las 13.00 hora española. El horario –laboral- impidió a muchos aficionados ver en directo el partido. Fue el VHS –sí, hubo un tiempo en que existió- el que permitió a muchos españoles asistir al nacimiento de una estrella.

Lo que nadie se esperaba es que el astro fuera un chico de 22 años y que no, no jugaba en el Madrid, a la sazón otra vez campeón de Europa, que venía de un verano movido con cambio de presidente incluido. Florentino Pérez, chequera mediante, se había traído a Luis Figo bajo el brazo, so pena de enterrar las relaciones con su gran rival, el Barça, para siempre. Su traspaso fue el primero de una serie que buscaría “la evangelización del madridismo”. El inicio de La Galaxia.

Como un macabro guiño del destino, la primera gran función del Floren Team terminó mal. Ridiculizado por un equipo argentino, grande en historia y entusiasmo, pero no en presupuesto. Quizá el dinero no lo sea todo, al fin y al cabo. El caso es que a Boca le bastaron seis minutos y dos zarpazos de su gran goleador, Palermo, para poner el 2-0 en el marcador y la galaxia patas arriba. Roberto Carlos recortó diferencias en el minuto 11, pero de ahí al 90 el partido fue un quiero y no puedo por parte del Madrid. Y fue en esos 80 minutos donde la figura de Riquelme se agigantó.

El 10 de Boca se elevó sobre el resto de jugadores, mundanos, con la elegancia etérea que un día mostrara, con la misma camiseta y el mismo dorsal, un tal Diego Armando Maradona. Sin su arranque electrizante, pero con su pausa, su clase y su arrogancia de chico humilde que no tiene nada que perder. Con 22 años jugaba para ser campeón del mundo exactamente igual que lo hiciera con 8 años en el equipo de su barrio. Quienes le conocían ya sabían de lo que era capaz. Había dado buenas muestras de ello con las divisiones inferiores de Argentina, con la que se había proclamado campeón sudamericano sub-20 formando en el centro del campo con Esteban Cambiasso y Pablito Aimar. A los grandes clubes europeos se les hizo la boca agua y los ojos chiribitas, así, todo en uno.

En el feroz arranque de su equipo, marca de la casa de ‘El Virrey’ Carlos Bianchi, Riquelme participó dando el pase del segundo gol a Palermo. Después llegaría su exhibición, ya con 2-1 en el marcador. Se adueñó de la pelota, consciente de que estaría más segura en sus pies que en cualquier otro lado. Se la cosió al pie, jugando con ella como un niño con un yo-yó, arrancando y parando, arrancando y parando. Sus cambios de ritmo fueron especialmente crueles con Geremi y Makélélé, los dos jugadores más físicos de aquel Madrid, que muchas veces no consiguieron pararlo ni con faltas. Sutil ironía, que fueran ellos y no otros los más vulnerables a los regates de Riquelme, lento por antonomasia. Fue su forma de burlarse del fútbol que le tocaría vivir, antes incluso de vivirlo.

Riquelme acabaría recalando en el Barcelona, donde el rigor táctico de ‘Cabeza Ladrillo’ Van Gaal no le dejó desplegar todo su fútbol. Eligió entonces ser cabeza de ratón. Se marchó a Villarreal, equipo de pueblo al que a punto estuvo de llevar a la final de la Copa de Europa. Curiosamente sería un penalti errado por él mismo lo que lo evitaría. Después de este fallo, ya nada sería igual. Dejó el club por la puerta de atrás y volvió a Argentina, y a Boca, donde era feliz, y de donde nunca debió haber salido.

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Comments
One Response to “El día en el que Riquelme se burló de la (pre)galaxia”
  1. AzucenaGarcía-Carpinterou dice:

    Lo he vuelto a leer ¡Cómo escribes, rey! 🙂

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